• C.L.Bruna

JUAN


Juan es un chico noble y generoso de casi quince años y además es mi hijo mayor. Se ofreció a regalarme este ratito porque sabe lo importante que es este Cielo de Pam para mí. Os prometo que no tuve que convencerle, ni insistirle, lo hizo sin más. Y gracias a su gesto, me ha dado la oportunidad de compartir con vosotros sus valiosas opiniones y estoy segura de que os va a encantar.  Llegó más que esperado, más que buscado y parece que lo hubiera sabido siempre.  Fue un bebé bueno y especial. Todo el mundo quería tener uno igual, típico bebé trampa. Pero ya hace mucho tiempo de eso...ahora es un adolescente en pleno proceso de cambio de voz. Podría decir muchas cosas bonitas sobre él (soy su madre, que esperabais...), pero me gustaría destacar el amor por su hermano, su capacidad de hacer amigos y mantenerlos, esa alegría de vivir y esa pasión por el fútbol que alimenta desde que era bien pequeño. Pero sobre todo Juan es tremendamente empático y sabe, como dice una buena amiga suya, cómo hacernos sonreír en cualquiera de nuestros momentos.  Os dejo aquí algo que escribí sobre él en uno de los míos: Tu mano en la mía No hace tanto de aquellos días en los que llevaba tu mano en la mía. Con gesto casi inconsciente tú me la cedías y yo la aceptaba casi sin darme cuenta, en cada trayecto que hacíamos juntos, al cruzar la calle, al entrar en casa... No hace tanto de aquellos días en los que llevaba tu mano en la mía hasta que te dormías. Sigilosa intentaba soltarla creyéndote dormido pero tú la apretabas en tu inocente duermevela para que no me marchara. Un día alguien me dijo: "valora este momento, pues pasará y lo echarás de menos". A partir de entonces hice nuestro gesto consciente aprovechando cualquier ocasión de sentir tu manita calentita y pequeñita enlazada con la mía. No hace tanto de aquellos días y hoy los recuerdo con nostalgia. Y es que siento que la vida se me escapa entre los dedos de las manos, esas manos que un día llevaron las tuyas y que hoy sin ellas se sienten extrañas. Esta mañana, al despertarte, debiste adivinar lo que anhelaba mi alma, pues casi sin abrir los ojos, a tientas la buscaste para que otra vez, como en aquellos días, llevara tu mano en la mía.







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