• C.L.Bruna

EL REENCUENTRO


El jueves estuvimos de "Reencuentro" con El Prado. Con este título se ha bautizado a un nuevo montaje, cuyo recorrido comprende su Galería Central y las salas adyacentes. Las características arquitectónicas de este espacio hacen posible cumplir las recomendaciones sanitarias. Todo está muy bien señalizado y preparado, ojalá todo el que pase por allí cumpla con las normas básicas para que podamos seguir disfrutando de esta iniciativa.

Se exponen al público 249 obras, siguiendo una ordenación preferentemente cronológica, desde el siglo XV a los albores del siglo XX. El Museo aprovecha estas excepcionales circunstancias para ofrecer otra forma de visitarlo. Para mi fue una excelente sorpresa. No soy ninguna entendida en pintura, tan solo recuerdo autores y cuadros que mi madre admiraba y algún conocimiento que queda de la enseñanza secundaria, antes bachillerato. Pero hace tiempo que dejé de preocuparme por memorizar datos y empecé a disfrutar y para eso está nueva distribución es perfecta. Así que decidí tomarlo con calma y dejarme llevar. Contemplar todo sin ninguna prisa, no solo cuadros, entorno, disposición, sin ningún objetivo más que admirar su belleza. Y entonces ocurrió algo increíble, algunos de los cuadros más famosos, que habré visto miles de veces en los libros y en el propio Museo, comenzaron a hablarme.

El primero fue el de las Meninas. Me decía que no me dejara engañar por las apariencias, que a veces lo que parece figurar en primer plano, no es lo importante y que la escena es más auténtica cuanto más libre se siente del foco.

El siguiente fue el de Las Lanzas. Siempre me llamó la atención la actitud tan poco triunfal del ganador, que no deja que su adversario se humille ante él. Pero esta vez escuché otras voces. El soldado holandés con fusil al hombro, me reprende: ¡Cambia el foco! ¡Mira a derecha e izquierda, estamos aquí!

Y gracias a eso me encontré con el caballero español de enorme bigote que con cara un tanto pícara me dice: No te creas todo lo que ves.

Pero es desde luego él, el soldado detrás del caballo con sombrero gris, el que me hace emocionarme, pues me confiesa estar atrapado en un mundo, en una época que no le corresponde. La guerra es la guerra, por muy bonita que la queramos pintar.

Por eso no me extraña nada que desde el fondo, mi cuadro favorito del Museo, me reclame sin parar. Cuando llego soy yo la que le digo: ya estoy aquí. Y entonces el mensaje se repite: no te creas todo lo que ves. Mírame a mi, siempre pagamos los mismos. Qué más da si fue el 2 o el 3 de Mayo. Esta vez tras las lágrimas esbozo una sonrisa, pues lo único que veo es su LUZ.

Aunque no lo creáis salgo de la sala feliz, por haber sabido escuchar, por haberlo disfrutado. Y cuando creía que la magia se había acabado, Patricio me cuenta al oído que ha tenido un sueño...

No nos dimos cuenta que en la entrada hay un código URL con el que puedes acceder a una audio-guía para todo el recorrido. Tenía que ser así, de otro modo no habría podido escucharlos. Gracias por ello.


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